Adorni: el paso al lado oscuro de las formas de esa casta que tanto criticaba
- 26 mar
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Lejos de lo que muchos imaginaban, el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, ofreció una conferencia de prensa en la que respondió con un tono confrontativo y una marcada soberbia, sin dar precisiones sobre los cuestionamientos que lo rodean: el viaje a Nueva York con su esposa en el avión presidencial, el vuelo privado a Punta del Este y las inconsistencias señaladas en su declaración patrimonial.

Tras un fin de semana extralargo, el exvocero presidencial volvió a subirse al atril —ese desde el que habló durante más de dos años— para enfrentar los cuestionamientos del periodismo y, sobre todo, de una sociedad que esperaba explicaciones convincentes.
Acompañado por varios ministros, Adorni tocó varios temas antes de llegar al “plato fuerte”. Porque a los periodistas acreditados en Casa Rosada poco les interesaban la ley de fuego, la ley de desalojo o la ley de educación superior. Algo que no pasó desapercibido fue el anuncio del funcionario en el que señaló que el 29 de abril concurrirá al Congreso para presentar su primer informe de gestión.
Casi al final de su discurso señaló que, al igual que al presidente y a otros miembros del oficialismo, a él le habían inventado que tenía una propiedad en Martínez, en la zona norte del Gran Buenos Aires; que lo había visitado un exagente de la SIDE; que había gastado 250 mil dólares en su tarjeta de crédito; y que tiene información con la que extorsiona al presidente y a su hermana. Había llegado el momento de las preguntas —que él sabía que iban a ser así— muy incómodas.
A la primera pregunta, de una periodista de Página 12, el clima comenzó a calentarse. La consulta apuntaba a una casa en un country a nombre de su esposa, al número de propiedades del matrimonio y a cómo se explicaban esas adquisiciones frente a un sueldo de $3.500.000 y un patrimonio declarado cercano a los US$ 40.000. Adorni evitó entrar en detalles: dijo que había causas en curso y que no podía profundizar para no interferir. Apenas agregó que vive en Caballito y que el resto debía corroborarse en su declaración jurada. El tono empezaba a cambiar.
Con el periodista de La Nación, la escena se repitió. Otra vez las propiedades, otra vez la casa del country en Exaltación de la Cruz, otra vez la declaración jurada. Adorni se mantuvo en la misma línea: todo debía verificarse allí. Pero cuando apareció el tema del viaje a Punta del Este, la incomodidad subió un escalón. Ya no fue solo evasivo: se mostró molesto. “Los periodistas tuvieron el tupé de subir un video con mis hijos menores”, lanzó muy molesto.
El punto de quiebre llegó con la pregunta de El Destape. Ya no era solo una cuestión patrimonial, sino de coherencia con un gobierno que hace de la moral un eje discursivo. La respuesta fue directa, casi cortante: “Vos no sos juez. No podés juzgar en qué gasto mi dinero”. Y remató sin matices: sus decisiones personales no estaban en discusión.
Para entonces, el clima ya era otro. Ante el periodista de Letra P, insistió en que el viaje a Punta del Este lo pagó él y que no existía ninguna dádiva. Pero lo hizo con un tono cansado, a la defensiva, como si la explicación ya no buscara convencer, sino concluir la intervención.
El cierre terminó de exacerbarlo. Frente a Nicolás Gallardo, de MZL, Adorni fue aún más lejos: le exigió disculpas al periodista por “mentir descaradamente” y volvió a marcar los límites. “Vos no sos juez”, repitió. Pero no se quedó ahí. Subió un escalón más: "Que vos no lo comprendas, yo no puedo hacer nada. Lo demás son conjeturas tuyas en las que yo no voy a entrar ni ahora ni nunca… Gracias”. Y se fue raudamente. La escena ya no era la de un vocero dando explicaciones, sino la de un funcionario incómodo, visiblemente molesto, que elegía confrontar antes que aclarar.
Vuelven los fantasmas del pasado
Este vendaval de soberbia del jefe de Gabinete trae recuerdos de quienes ya ocuparon el rol de vocero en gobiernos peronistas: desde Aníbal Fernández hasta Gabriela Cerruti, pasando por Jorge Capitanich. A propósito de este último, por momentos parecía que Adorni iba a romper los tuits del periodista de MZL que tenía impresos, tal como alguna vez “Coqui” hizo con los diarios del Grupo Clarín.
Es que el gobierno libertario parece preso, desde el minuto uno, de aquello que tanto pregonaba: la “moral como política de Estado”. Y hoy, con un nuevo escándalo, vuelve a correr el límite y a refugiarse en la palabra “legal”. Pero todos sabemos que, muchas veces, lo legal y lo moral no van de la mano.
Aun con el envión —cada vez más débil— de los resultados electorales de octubre, el gobierno se siente envalentonado y empieza a contagiarse de los defectos de aquellos a quienes cuestionaba. Esos mismos defectos que muchos votantes libertarios rechazaban con fuerza y que hoy, con cierta resignación, ven reaparecer en el partido de “las Fuerzas del Cielo”.
Porque hoy el ciudadano de a pie esperaba ver al Adorni de los primeros meses de la gestión: ese que llegaba a la conferencia con los papeles en la mano, dispuesto a respaldar cada palabra. No a este, más evasivo, más incómodo y muy ofuscado.
“Acá están los documentos —podría haber dicho—. Estas son las propiedades a mi nombre y estas las de mi esposa. Estas fueron adquiridas antes de 2023, antes de que La Libertad Avanza llegara al poder. Esta otra es nueva, sí, y la estoy pagando con un crédito hipotecario, como tantos argentinos. Y sobre el viaje a Punta del Este, acá tienen el comprobante de la transferencia que le hice a mi amigo”.
Sí, y lo hubiera terminado con su consabido “FIN”, para irse de la conferencia como en días más felices. Pero esta vez las explicaciones convincentes no llegaron. Por el contrario, con sus formas dejó algo muy claro: el paso al lado oscuro ya no es una amenaza, es un proceso en marcha.



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