El día que apagaron la luz en España
- 29 abr 2025
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El 28 de abril de 2025 quedará en la historia del país peninsular debido al apagón total que dejó sin suministro eléctrico a todos los que habitamos esta parte del suelo europeo, junto con Portugal y el sur de Francia. Esta fue una oportunidad para recordar cómo era el mundo antes de la aparición de internet y de los celulares con las apps que son parte de cada momento de nuestras vidas.

Desde hace un par de años soy testigo de hitos mundiales: una pandemia, la trágica incursión terrorista de Hamas en Israel el 7 de octubre de 2023 y, ayer, fui partícipe del peor apagón de la historia de España. Seguro que en unos años les contaré a mis hijos dónde estuve aquel día en que ocurrió.
Fue un día atípico en mi reciente vida en Granada, España. Luego de casi un mes de varios intentos fallidos, logré encontrar un trabajo de una hora al día, tres veces por semana, uno de esos trabajos básicos que me ayudan a, por lo menos, costear los gastos de alimentación. Precisamente, el 28 de abril fue mi primer día. Son unas doce cuadras las que me separan de mi eventual centro de trabajo. Me encontraba ya de regreso cuando me di cuenta de que el semáforo que se encuentra en la esquina de mi departamento —piso le llaman acá— no funcionaba.
Como es normal en estos casos, el sensor para abrir la puerta del edificio no funcionaba y tuve que utilizar la llave. A pesar de haber caminado varias cuadras, subí los cuatro pisos de buen humor porque había terminado de trabajar y tenía la tarde libre para dedicarme a varios asuntos administrativos pendientes. Como quería saber el motivo del corte eléctrico, busqué en X, antes conocida como Twitter, que siempre tiene la respuesta para todo. En el buscador, las palabras apagón y España me arrojaban que el problema no solo era en mi querida ciudad de Granada, sino en todo el país; minutos después, en la misma red social, señalaban que el problema se había extendido a Portugal y parte de Francia. Ahí sospeché que la cosa no era tan simple.
Aun con cobertura, mi amigo Juan Carlos, que vive a unas cuadras de mi casa, me preguntó si yo también no tenía electricidad, a lo que contesté afirmativamente. “Chalao, que ahora voy para tu casa”, me dijo. Eran poco más de las 13 horas y llamé a mi familia en Buenos Aires para contarles lo que había ocurrido. Luego de esa comunicación, mandé un mensaje al grupo de WhatsApp que tengo con mis padres y hermanas diciéndoles lo que había pasado. Estaba revisando Instagram y vi que el diario El País informaba que el gobierno español no sabía el motivo del corte del suministro eléctrico. Luego se cayeron todas las comunicaciones.
Estamos en la era en que, si un amigo vive en un edificio, llegas hasta el lugar y llamas o mandas un WhatsApp. Sin energía eléctrica y sin señal de teléfono, esto era imposible de hacer. De casualidad salí de mi edificio y lo encontré en la puerta a mi amigo. “Que no sé en qué piso vives”, me dijo. Hace unos 30 años, seguro que ese dato lo habría conocido.
Era un día de primavera; los 26 grados hacían notar su presencia. Caminamos por la Carretera de Málaga, una de las principales avenidas de La Chana, el barrio granadino donde hoy vivo. Los supermercados Lidl y Día lucían con las luces apagadas y con las entradas bloqueadas. Los bancos, que normalmente atienden hasta las 14 horas, ya habían cerrado sus puertas, los bares de tapas lucían llenos de gente.
Ante la falta de información y entretenimiento hogareño, la gente optó por salir a las calles. Adultos, niños y mascotas estaban en parques, calles y principales avenidas. La gente se acercaba a los bares donde había radios a pilas para enterarse de lo que estaba pasando. Lo único que repetían en las emisoras era que el servicio se iba a demorar en volver entre unas 6 a 10 horas; no se sabían las causas del apagón.
Me despedí de mi amigo y volví a casa para almorzar. Afortunadamente, a diferencia de la mayoría de la gente, mi cocina es a gas. La bombona de butano, conocida como garrafa en Argentina y balón en Perú, está perdiendo popularidad en España mientras las cocinas eléctricas ganan terreno. Tratando de no abrir tanto la heladera, me hice una hamburguesa. Por la ventana del living veía que el parque reventaba de gente.
Cuando caía la tarde, y viendo que efectivamente la luz iba a volver bastante entrada la noche, dije que esta era una oportunidad única para ver una Granada distinta desde uno de los tantos miradores que tiene la ciudad. El de San Miguel, barrio donde recalé la primera vez que me mudé a esta urbe andaluza, es el que se encuentra en la parte más alta de Granada. Luego de caminar por varias calles que se encontraban atestadas de gente, llegué hasta la parada del N9. Para mi sorpresa, el sistema de pago con tarjeta funcionaba y pagué el boleto que me llevó hasta el mencionado mirador.
Por lo visto, yo no había sido el único que tuvo esa gran idea. El lugar donde se encuentra la ermita de San Miguel estaba lleno de locales y turistas. Me pude hacer un lugar entre la gente que se encontraba sentada en el muro del mirador, que al igual que yo, esperaba con ansias el anochecer para ver una Granada completamente a oscuras.
Algunos chicos sacaban sus teléfonos en busca de algo de señal, pero la respuesta era la misma para todos: "No registrado en la red". Mientras se hacía de noche y el cielo dejaba ver un mar de estrellas, algunos jóvenes destacaban que no estaba mal tener, de vez en cuando, un día sin móviles y sin luz y de esa manera poder disfrutar un espectáculo como el que estábamos viendo. Cerca de las 22.30, la poca luz que había desapareció y pudimos ver una ciudad completamente a oscuras. Hasta la siempre iluminada Alhambra estaba a oscuras. Solo el Hospital Universitario San Cecilio lucía iluminado.
Luego de un par de disparos con la cámara y el celular, decidí bajar para volver a casa. Afortunadamente, los tres meses que viví en San Miguel me ayudaron a conocer bien el Albaicín, barrio que se encuentra en la parte baja del mirador. Sus calles estrechas, típicas de las antiguas ciudades árabes, lucían desoladas y muy oscuras. En mi camino pude ver una que otra luz de vela que provenía de alguna de las casas. Hice el trayecto en unos 20 minutos, ayudado de rato en rato con la luz de algún auto que bajaba al centro de la ciudad. Ver el arco de la calle Elvira me dio una sensación de tranquilidad, ya que a unas cuadras estaba la parada del autobús que me dejaba a pocas cuadras del departamento.
Tomar el 9, que me deja a dos cuadras de casa, o el 33, que implica que camine unas 10 cuadras, era el gran dilema, más cuando veía grupos de chicos que no se veían con una actitud muy amigable. Eso, sumado a los resabios que aún tengo de mi vida en las grandes metrópolis como Lima y Buenos Aires, donde el peligro parecía estar en todos lados. El primero en venir fue el 33, así que rápidamente subí al autobús. Luego de unos minutos de viaje me dejó en la parada del Hospital de Traumatología. Ese camino a casa, en el que pasé cerca del departamento donde viví hace un año, suele ser bastante tranquilo, pero en medio de la oscuridad, el camino parecía hacerse más largo de lo habitual.
Vi luces en el balcón donde vivía; al día siguiente mi amigo Juan Carlos me confirmó que estaba él con otro muchacho escuchando música para matar el aburrimiento, pero ni siquiera intenté subir porque quería llegar rápido al departamento. Casi que corría cuando atravesé las vías del Metro. En la puerta de un colegio vi a un grupo de muchachos y me puse alerta por si necesitaba correr, aunque en esa oscuridad eso hubiera sido en vano.
Cuando llegué a la avenida de Andalucía, me sentí más aliviado porque las luces de los autos iluminaban mi camino. Me crucé con un par de personas en las dos cuadras que me faltaban para llegar al piso. Abrí la puerta de mi edificio y las luces de emergencia, después de tantas horas, ya no alumbraban. Mi celular me ayudó hasta llegar al cuarto piso. La aventura de atravesar Granada a oscuras había terminado. A pesar de que las autoridades habían pedido no salir de casa, no me podía perder la oportunidad de ver la ciudad a oscuras desde el mirador más alto.
A diferencia de Madrid, donde la luz llegó alrededor de las 19 horas, en Granada volvimos a tener suministro a las 3 de la mañana del día siguiente. Hasta el gobierno de Pedro Sánchez no sabe decir cuál fue el motivo del apagón general. Apenas ocurrió el corte de luz, se hizo viral un video del 2022 en el que el también líder del PSOE señala textualmente que “No habrá apagones en España”, pero como estoy saturado de la política, esa parte de la “oscura experiencia” se la dejo a alguien más.



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