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Elecciones en la Argentina: ese país que conocí ya no existe más

  • 18 nov 2023
  • 3 Min. de lectura

En marzo de 2006 me mudé a Buenos Aires. Por aquel entonces, la capital argentina estaba muy por encima de Lima, la ciudad peruana donde nací. Dieciséis años después, junto a mi familia dejamos el país espantado por la inflación y la inseguridad. ¿Por qué ocurrió esta debacle?

Hoy que estoy al otro lado del mundo, muchos amigos me preguntan con frecuencia: ¿Qué extrañas más? ¿Buenos Aires o Lima? La respuesta es casi inmediata: “Buenos Aires”. Y no es que no quiera a la ciudad que me vio nacer, pero la capital argentina, a fuerza de situaciones adversas, me hizo crecer y me enseñó a enfrentarme al desarraigo, algo con lo que nuevamente estoy lidiando por estos días en España.


Aparte de los urgentes problemas de inflación, pobreza extrema e inseguridad, Argentina hoy tiene múltiples daños colaterales. Se perdieron códigos de convivencia. La ausencia de valores hizo que se corrieran lo límites. Se fue perdiendo paulatinamente la cultura del trabajo, esa de la que Argentina se sentía sumamente orgullosa décadas atrás. Los “planes sociales eternos” hicieron que varias generaciones se acostumbraran a vivir del estado.


“El partido político de los pobres” no solucionó el problema del que hizo su caballito de batalla, al contrario, su desidia hizo que aumente la población vulnerable, los cuales son su “público cautivo” a los cuales regalan bicicletas y colchones durante la campaña electoral con el objeto de que los sigan votando. No, no me lo contaron, lo vi en Lomas de Zamora, municipio donde viví hasta antes de mudarme a Israel.


Y eso es precisamente lo más cruel, perennizar esa “lucha de la pobreza” mientras que los que se identifican con los que menos tienen se hacen más ricos. Porque pasan los años y los únicos beneficiados son los políticos que no vieron mermado su patrimonio.


Y así nos acostumbramos a que la vara cada vez sea más baja. Por ejemplo, a que el narcotráfico se apodere de Rosario, ciudad a la que fui muchas veces hasta que la violencia se volvió pan de cada día. En Capital Federal y el Gran Buenos Aires, los motochorros “trabajan” a todas horas y con toda la tranquilidad del mundo. Las comisarias son puertas giratorias donde los delincuentes, en muchos de los casos, no pasan ni 24 horas.


Gracias a la crisis económica, muchas trasnacionales se fueron del país: Latam, Walmart, Falabella, Enel, Glovo, etc. Y ni que decir de empresas nacionales que ante la imposibilidad de girar dólares al exterior también siguieron el mismo camino, la emblemática Mercado Libre se mudó a Uruguay. Como es normal, “los mismos de siempre” la tildaron de traición a la patria porque dejarían de tributar en el país. No hay que olvidar que la Argentina está en el top de los países con más cargas fiscales.


Ya no sorprende para nada que los medios oficiales sean parte de la maquinaria de propaganda del partido gobernante, sobre todo en épocas electorales. Nadie se calienta, nadie protesta. Los mega sueldos que ganan en la Televisión y la Radio Pública no condicen con la realidad de un país que tiene una inflación del 140% y pobreza del 40%.


Aún recuerdo algunos precios de cuando llegué a vivir a Buenos Aires en 2006. Alquilar un monoambiente en el microcentro costaba unos 450 pesos… hoy un pote de helado cuesta 2500 pesos. Eso es un ejemplo banal. Hace algunos años a un excompañero del trabajo le hice este planteamiento, el del aumento indiscriminado de las cosas y él, fiel escudero del actual gobierno nacional me respondió que los sueldos también habían aumentado. La emisión descontrolada ya sabemos a lo que conduce.


Una elección más que leo el discurso épico de los seguidores del partido de turno. Un sinfín de palabras que nos habla de lo monstruoso panorama que se avecina si no gana la fórmula oficialista. ¿Más terrible que tener 140% de inflación y 40% de pobreza?


La otra noche conversaba con una amiga periodista española acá en Granada y le pregunté por qué en 14 años no había vuelvo a visitar Buenos Aires, tomando en cuenta que tipo de cambio le es favorable. “Veo en las noticias todo lo que pasa y me daría mucha tristeza ver cómo está el país. Quiero quedarme con el recuerdo del 2009”, me respondió. Coincidentemente, mi esposa acaba de volver al país, luego de estar casi dos años afuera, y cada tanto me manda fotos con los precios exorbitantes de las cosas, no tiene nada que ver con los que dejamos en diciembre de 2021.


“Más vale malo conocido que bueno por conocer” y “Que el miedo no los paralice” son las dos frases con las que podemos resumir lo que va a ocurrir en un par de horas. Sea cual sea el resultado, que el próximo presidente no siga destruyendo la Argentina, demuestren que de verdad quieren al país.

 
 
 

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