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La España de Sánchez vs. la Argentina de Milei

  • 2 abr 2025
  • 3 Min. de lectura

Desde hace una semana me encuentro en Granada, España, tras haber pasado casi un año en Buenos Aires, y era imposible no comparar los precios de ambos lugares. Justo hoy, en LinkedIn, un español me catalogó de “zurdo” en una nota de El Economista porque, si bien es cierto que los números macro han mejorado en el país del Río de La Plata, en la vida diaria no se ve eso.

El presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, y el presidente de Argentina, Javier Milei
El presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, y el presidente de Argentina, Javier Milei

Ya son dos ocasiones en las que vengo directamente a Granada sin pasar por Madrid. Es decir, llego a Barajas y no recorro la capital española. Apenas puedo, tomo un autobús y me dirijo a la ciudad nazarí. Este es un dato importante porque las capitales suelen ser más caras, y podría no ser justa la comparación entre la vida en Buenos Aires y Granada.


Tras dormir varias horas, luego de un día entero de viaje, lo primero que hice fue cambiar el plan de mi chip español. Para mi sorpresa, el plan de 10 euros de Orange seguía costando lo mismo que cuando me fui de España, el 29 de marzo de 2024. Muy distinto a lo que ocurría con Tuenti en Argentina: cuando contraté el servicio, a inicios de abril del año pasado, el combo Max costaba 9.000 pesos, y cuando me fui, el precio ya era de 12.000. Cabe señalar que el plan de Orange es de 5G, con 60 GB de navegación, llamadas nacionales ilimitadas y 5.000 minutos internacionales, mientras que Tuenti, la low-cost de Telefónica Argentina, ofrecía 12 GB de navegación, 6.100 minutos nacionales y 2 GB exclusivos para YouTube y Spotify.


Luego de pasar un par de noches en casa de unos amigos, al fin conseguí un departamento temporal. Ir al supermercado era una obligación para llenar la heladera. Noté que, en un año, los precios eran más o menos los mismos. Es cierto que ya no hay leche deslactosada a 0,90 euros; ahora cuesta 1,20. Las bandejas de filetes de pollo y cerdo rondan los 3,50 euros. El arroz español, que soy incapaz de cocinar por mi poca destreza, sigue costando 1,30. En conclusión, el supermercado no ha sufrido grandes variaciones.


Desempolvé mi vieja tarjeta de transporte urbano "granaino" y la cargué en el autobús 33. Llevo una semana de viajes constantes, y los 10 euros aún me duran. Me comentaron que, aunque en un momento subió el precio del boleto, luego salió un decreto mediante el cual el Gobierno Nacional y el Ayuntamiento bonificaban el 50% del precio. Así, hoy pagué 0,71 euros hasta el centro de la ciudad, igual que en 2024. Al otro lado del mundo, a cuatro horas menos que España, desde el 1 de abril, en la Provincia de Buenos Aires, el boleto subió un 4%. Durante 2024, el transporte público aumentó en promedio un 84%.


La diferencia de precios en ropa entre España y Argentina es bien conocida. Aquí, con poco dinero, puedes comprar una remera y un pantalón. Sin embargo, no fui a un shopping para comprobar los precios porque el objetivo de este viaje está lejos de adquirir indumentaria, la cual, a decir verdad, no necesito en este momento.


Hay personas que no comprenden que describir la realidad de cada país y compararla no es criticarla. El problema comienza cuando esa realidad, propia o ajena, no les gusta o no se ajusta a la opción política del receptor. Hoy, en LinkedIn, un usuario español me aseguraba que sus familiares—por lo escrito, deduzco que viven en Argentina—ganaban entre 5.000 y 10.000 dólares mensuales. El sujeto, que abusaba de los signos de admiración, decía que en Argentina se podía vivir solo, mientras que en España estaban obligados a compartir piso entre tres o cuatro personas. También señaló que mi preocupación real era no poder comprarme un iPhone—aunque yo prefiero la línea Galaxy de Samsung—y cerró su furibunda participación llamándome “zurdo”.


Es curioso, nunca he votado al peronismo ni a la izquierda. El sujeto en cuestión denotaba una profunda admiración por Javier Milei, el presidente argentino, y sus políticas. Supuso que contar lo complicado que es llegar a fin de mes para el ciudadano de a pie, a pesar de los positivos números macroeconómicos, significaba estar en contra del mandatario libertario. Por un momento, estuve tentado a proponerle un intercambio de DNI, especialmente ahora que me resulta tan difícil conseguir trabajo en España por mi situación migratoria, para que así todos salgamos ganando: yo trabajando en la hermosa Granada y él ganando “10.000 dólares al mes y sin necesidad de compartir casa con nadie” en Buenos Aires.

 
 
 

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