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Las libertades que aún nos debe el gobierno libertario de Javier Milei

  • 19 jul 2024
  • 5 Min. de lectura

Coincidentemente, hoy dos hechos puntuales me hicieron darme cuenta de que algunas cosas siguen igual en la “nueva” Argentina. Recibir dinero del exterior en tu cuenta de ahorros y comprar cosas por internet son actividades que en cualquier otro país no requieren ningún trámite burocrático; sin embargo, en la tierra de los campeones de América es muy diferente.


En Perú, allá por los lejanos 80, había un programa cómico llamado “Risas y Salsa”. No era precisamente dirigido hacia el público infantil, pero como eran tiempos en que no había cable y solo había cinco canales de aire, no nos quedaba más alternativa que verlo. Recuerdo mucho un sketch llamado el Señor Inurbano, este segmento del programa caricaturizaba al típico funcionario de la administración pública de aquellos años, de esos que te pedían mil y un requisitos para realizar un trámite. Hoy me acordé de aquel programa, no una, sino dos veces.

 

Mercado (Libre) Libertario

 

Haber estado dos años fuera del país hace inevitable la comparación de cómo funcionan las cosas en otros lugares del mundo. Durante el tiempo que viví en Israel me hice adicto a las compras en Aliexpress; fue descubrir otro nivel de compras por internet comparado con Mercado Libre, sitio donde solía comprar en Argentina antes de mudarme a Medio Oriente. Aliexpress me parecía extremadamente barato y tenía de todo. Cuando me mudé a España, mi afición continuó, aunque en menor medida. Algo muy importante para señalar es que la demora de entrega de los productos era de tres semanas, en el peor de los casos.

 

Hoy, que me encuentro nuevamente viviendo en Argentina, me vi forzado a comprar un protector para mi smartwatch, un Garmin, de la reconocida marca de GPS. No es un reloj que se comercialice en Argentina y conseguir ese producto no es nada fácil. Busqué en Mercado Libre y había un protector, pero de un material que con el uso se iba poniendo opaco; de hecho, fue uno de los primeros que compré estando en Israel. La gran diferencia es que mientras ese pedazo de plástico transparente en Aliexpress cuesta 2 dólares, en el sitio de ventas de Marcos Galperín el precio es de 60 mil pesos. Sin pensarlo, opté por comprarlo en el sitio de siempre. Fue grande mi sorpresa cuando vi el tiempo de demora: dos meses. Resignado, lo compré y dejé pasar el tiempo. Albergaba la esperanza de que ocurriera lo mismo que en Israel y España, que la entrega se adelantase y pudiera tener el “case” en mis manos mucho antes de lo señalado. Gran, gran error. Mis amigos siempre dicen con mucho orgullo que la Argentina es única e irrepetible, y en este caso también lo es. Llegó el día en que supuestamente iba a tener el protector del reloj en mis manos y esto no ocurrió. En la app me informaban que estaba retrasada la entrega. Finalmente, cuatro días después de la fecha límite llegó… llegó un telegrama del Correo Argentino que me informaba que tenía que entrar a su web y realizar el correspondiente pago de la tasa de “Gestión de Correo”, unos cinco dólares. ¿Se entiende lo absurdo? El pago exigido por el correo es mucho más caro que el producto en sí.

 

Con mi jubilación no

 

En Perú trabajé desde muy joven. Tras varios empleos informales y/o temporales, el más importante de mi vida laboral en ese país fue en Interbank, por aquel entonces un banco que cumplía su primer siglo de vida. Si bien los primeros meses estuve en un régimen denominado por aquellos años del siglo pasado como Formación Laboral Juvenil, una vez concluida esa etapa fui contratado como empleado del banco. Era el año 2000 y ya aportaba a una Administración de Fondo de Pensiones (AFP), lo que en Argentina fueron las desaparecidas AFJP. Ese dinero durmió el sueño de los justos durante 24 años.

 

Viviendo en Argentina, y luego en Israel y España, me informaba por los medios peruanos que cada cierto tiempo el Estado autorizaba a retirar parte de ese dinero. La verdad es que yo no le daba importancia porque imaginaba que no quedaba nada, entre mantenimientos de cuenta y otros ítems que hacen que el dinero del aportante desaparezca y que el dueño de la empresa engorde sus bolsillos.

 

Hace unos meses, un amigo muy querido me convenció y me ayudó a hacer el trámite. Luego de obtener las claves de la página web de mi hasta ahora AFP, pude ver que estaba disponible la cantidad de 1003 nuevos soles, que si lo convertimos en dólares serían unos 265 dólares. Así que llené mi solicitud y di mi número de cuenta en pesos que tengo en el BBVA de Argentina.

 

Durante mi intento de realizar el trámite de estancia por estudios en España, tuve que abrir una cuenta bancaria, en la cual deposité parte de lo que había ahorrado en Israel, y en donde mi hermana me transfirió desde Estados Unidos unos ocho mil euros para cumplir uno de los requisitos exigidos por el estado español. La transacción ocurrió sin mayores contratiempos.

 

Hace dos días me llegó un mail del BBVA Argentina que me informaba que tenía una orden de cobro del exterior y me pedían que me acercara a una oficina o que escribiera un mail al área de Comercio Exterior. ¿En serio que recibir la mitad de un sueldo mínimo en Argentina califica como Comercio Exterior? Bueno, le escribí a esta buena gente y me preguntaron el origen de este envío. Yo les expliqué lo del retiro de la AFP, y bla, bla. La burocrática respuesta fue que tenía que llenar un formulario en el homebanking, cosa que hice por la noche, pero me encontré con la ingrata sorpresa de que ese trámite se realiza de 10 a 15 horas. ¿Qué tal?

 

Sé que los cambios a veces toman tiempo, y mucho más cuando hay leyes que requieren ser aprobadas, pero me gustaría ver un cambio, aunque sea pequeñito, una señal de lo que prometió el presidente en campaña. Hace un par de semanas conversaba con un amigo sobre la gran demora en recibir algo que se compra en internet del extranjero, y me dijo que no creía que esto iba a cambiar, que uno de los más cercanos del gobierno es Galperín, el dueño de Mercado Libre, y que Aliexpress, Amazon y Temu iban a romper el monopolio de MELI.

 

No conozco “las ideas de la libertad” que mencionan a diario los militantes del presidente, pero deduzco que buscan dinamizar el comercio, los trámites y todo eso que hace la vida más sencilla, algo como lo que tienen la mayoría de los países. El tiempo tendrá la respuesta.

 
 
 

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