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Lo que también nos dejó el pase de Israel a la semifinal del Mundial Sub-20

  • 7 jun 2023
  • 3 Min. de lectura

Para propios y extraños fue una enorme sorpresa que dieron los “yeladim” al ganarle por 3-2 a la siempre favorita Brasil y dejarla fuera de la competencia. Muy aparte del logro deportivo, este grupo de chicos refleja lo que es la sociedad israelí, algo muy diferente de lo que se piensa en occidente.


Mientras que el Argentina, país donde se realiza en certamen deportivo, el reloj marcaba las 14.30 horas, en Israel eran las 20.30 horas del sábado. Hacía unos minutos que se había terminado shabat y el país volvía a la actividad. Los centros comerciales, supermercados y restaurantes abrían sus puertas para recibir al público; sí, suena raro que por la noche ocurra esto, pero así sucede.


En un país donde el gusto por el deporte se divide en parte iguales entre el fútbol y básquetbol, el partido de la Sub-20 ante Brasil, el favorito, despertaba cierto interés. No, no suelen gritar los goles tan eufóricamente como en Sudamérica, pero demuestran una mesurada alegría. Los 120 minutos fueron vibrantes y tanto fue el impacto del pase a la semifinal, que la clasificación desplazó en los medios a la noticia de las manifestaciones en contra del gobierno, que se realizan todos los sábados por la noche, desde hace 22 semanas.


Pero la participación de Israel en este Mundialito, como lo llaman en los medios locales, estuvo en riesgo porque una vez más la política se mezcló con el deporte. Originalmente, la competencia se iba a realizar en Indonesia, pero ante la negativa del gobernador de la isla de Bali, Wayan Koster, de recibir al equipo israelí, la FIFA decidió quitarle la organización al país asiático y otorgársela a la Argentina.


Fue a partir de la eliminación de Brasil que esta selección de Medio Oriente despertó la atención de la prensa deportiva mundial. Un amigo que se dedica al periodismo deportivo en Perú me confesó que se los imaginaba físicamente distintos. Y es que este grupo unido de chicos refleja lo que es la sociedad de este país, es una mixtura de grupos étnicos. Volviendo al partido ante la “verdeamarela”, los tres goles de la victoria fueron anotados por un árabe israelí, un beduino y un judío descendiente de marroquíes.


En Israel se puede pasar de la tristeza a la alegría. Muchas veces lo dice la gente que vive acá: “Es como una montaña rusa”. Y aquel sábado no fue la excepción. Por la mañana, tres jóvenes soldados habían fallecido en un tiroteo en un confuso incidente ocurrido en la frontera con Egipto. El autor del tercer gol, Dor Turgeman, llevaba en su muñequera escrito en letra hebrea cursiva el mensaje: “En memoria de las víctimas del atentado".


Como sucede en todos los países del mundo, los políticos se quieren subir al carro de la victoria deportiva. Los saludos del primer ministro, Benjamín Netanyahu, y el líder de la oposición, Yair Lapid, no se hicieron esperar. Ambos destacaron que la clasificación era una alegría en un día triste para el país. Una gotita de unión en un país que vive un momento de extrema polarización por un tema que preocupa a todos: la polémica reforma judicial.


Este jueves los yeladim (chicos en hebreo) tienen un partido ante un siempre difícil Uruguay. Más allá de lo que pueda pasar, la participación de este joven equipo en un mundial Sub-20 ya quedó en la historia.

 
 
 

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